Quiero compartir este Cuaderno de Recuerdos con vosotros

Sería bonito, tener vuestros recuerdos, y me sentiría muy honrada.

Enviadme vuestros relatos al apartado de comentarios o
al mail del blog y me encargaré de publicarlos, aquí,
en esta seccion.

Envía tu relato via mail, aquí.

Alicia Valverde

domingo, 9 de noviembre de 2014

La vida no deja de sorprenderme




La vida no ha dejado de sorprenderme desde que tengo uso de razón.

He tenido momentos muy amargos que se acompañaron  de momentos dulces que siempre borraron los amargos.

Encontré rayos de sol en días de tormenta y aprendí a expresarme con palabras de poeta. Los que me quieren me denominan así hace mucho tiempo, yo como soy pájaro con cicatrices en el alma, me cuesta reconocerme, todavía no me veo en el espejo.

Pero la vida no deja de sorprenderme y sigo escribiendo y volando todos los días.

No deja de sorprenderme y gracias a ello he conocido a gente maravillosa y más poeta que yo.

Personas que traspasan la pantalla y escriben tan bonito que duele.

Personas que “radian” en horas con sabor a luna, una belleza sin nombre, de un grupo de artistas dormidos en una suite.

Personas que dejaron huella desde todas las partes de mis sueños.

Personas que siento sin verlas.

Amigos de un blog común que me llena de alegrías y jamás deja de sorprenderme.

Mi amiga Alicia dice que la vida le sorprende y se deja.

Es normal, la vida es emocionalmente sorprendente. Siempre hay que dejarse llevar.

Jamás dejará de sorprenderme, no dejaré de escribir, de soñar.

No dejaré de volar.




Autora : Rita Turza

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viernes, 7 de noviembre de 2014

La huella del pasado








Ayer la vi.
Sentimientos encontrados.

No hacen daño los recuerdos.
Heridas de antaño
que ya no se abren.

Sólo
abro un paraguas
para protegerme de la lluvia.

Las gotas tienen memoria.

Ella ya no,
o tal vez sí.

Ni sé, ni pregunto.

Sólo
miro hacia delante.

No olvido ni lo que soy,
ni lo que fui,
ni de donde vengo
porque es parte de mí.

El pasado ahí se queda.

Sólo

son sus huellas.


Autora: Ana Barja López

lunes, 20 de octubre de 2014

Secuestrado por amor






     El pomo de la puerta crujió tímidamente, pero no consiguió que se abriera.   El prisionero quería salir de aquella estancia oscura y húmeda en que se hallaba.  Era mucho tiempo de encierro y su paciencia se agotaba.  Daba vueltas sin cesar en la pequeña celda, y cada día que pasaba le parecía más agobiante la situación.  A veces, lo intentaba moviendo el pomo;  otras, dando patadas a la puerta, pero no obtenía respuesta alguna de sus guardianes.   Ahora bien, aunque eran inflexibles en mantenerlo encerrado, siempre tenía su comida dispuesta.   Era el único consuelo que le quedaba al pobre, saber que alguien se acordaba de que estaba en esa cárcel.

     Se preguntaba continuamente por qué motivo le habían condenado a vivir así, y no hallaba la respuesta.  “Soy inocente, inocente”–repetía-   En ocasiones, oía voces próximas a su celda, y trataba de averiguar, sin éxito, que decían.  Una de ellas le era muy familiar. “Quizás venga a interceder por mí” –se preguntaba-, pero los días seguían transcurriendo y…  ¡nada!   A veces, incluso, le sometían a horribles torturas, haciéndole pasar por encima del cuerpo una especie de rodillo, que, además de presionarle, emitía un extraño y, a la vez,  molesto sonido.  En algunas ocasiones, entraba un poco de luz que se filtraba a través de un túnel que conducía hasta su mazmorra, pero sus captores abrían aquella puerta solo de vez en cuando.

     Las horas habían consumido los días;  los días, las semanas y las semanas, los meses. Él sentía en sus carnes cómo se iba haciendo mayor en aquel encierro, sin poder remediarlo.    Hasta que un buen día decidió poner fin a su cautiverio y pasó a la acción.  El plan consistía en hacerse oír de tal manera, que retumbara todo el recinto. Empezó golpeando la puerta con pies y manos, y como esta no cedía, la emprendió a cabezazos. Tampoco funcionó.  Así que se puso de espaldas y forzó con el trasero la maldita cancela, hasta conseguir que se tambalease.  Entonces comenzó a gritar: ¡Quiero salir! ¡Quiero salir!  Y al hacerlo, vertió sin querer el agua que tenía para beber.

     ¡Quiere salir! ¡Quiere salir! ¡Ya está aquí!  ¡Estad preparados que ya sabéis que viene de nalgas!   ¡Empuje, empuje un poco más! –Decía la matrona- Y, al momento, se produjo el milagro de la vida.  Sergio salió del vientre materno  y al contemplar la luz del día lloró.   Lloró con rabia también cuando le cortaron el cordón umbilical.  Maravilloso Síndrome de Estocolmo que le unirá de por vida a la madre.  







Autor: Aurelio Ramos

domingo, 19 de octubre de 2014

Oda al Sol






Caricias cálidas tocan mi rostro,
despierto aún soñolienta.
Sin nubes en el cielo
tu ser se manifiesta por entero.


El sudor cubre mi cuerpo,
el cansancio y la sequedad me fatigan.
Y por tu afán de amarme
me persigues incansable, implacable.


Toda tu ira se descarga en mí,
el calor, cada vez es más insoportable.
Y como un Rey que eres, me arrodillo
suplicando tu piedad.


Me abrasas, me quemas,
tu amor por mí es impúdico.
Tu calor me enloquece,
No puedo soportar más este ardor.


Tú te impones, al mediodía
es cuando más daño me haces.
Me seco, ardo, y tú, desde arriba
me ves sufrir agónica, moribunda.


Me persigues, no hay sombras
donde cobijarse.
Mire por donde mire estás ahí,
con tu calor sofocante.


Logro despistarte y el aire
fresco me abraza con regocijo.
Te vas, te marchas hacia el horizonte,
te veo partir mientras me despides

con tus últimos rayos de sol.











Autor:



Hacedor de historias.


domingo, 5 de octubre de 2014

Caminando......






Cuando tu barco llegó por fin a la orilla decidí partir,
huyendo de las palabras que se perdieron en el silencio,
de los sueños en los que nos encontrábamos ...

Y aunque desconocía el camino, no quise dejar de andar







Autora: Laura Len

 Podéis visitar su pagina en Facebook y su blog personal. Os sorprendera.









jueves, 4 de septiembre de 2014

Así, te amo





Aquí en la tormenta
busco tu amor,
me arrastro,
me agazapo,
lo apreso.

Penetra en mi pecho,
incendia mi cuerpo,
me consume.
Me hace desear morir,
morir en tus brazos,
exhalar en tu pecho.

Te amo,
 como amo el amanecer
rendido a la luz de tus ojos,
rendido a la bondad de tu corazón.

Rendido
a la fuerza de tus palabras.

Así , te amo,
somos uno,
uno diferente
a nosotros
mismos.

Amo tu boca,
conclave de perlas,
amo tu sonrisa
tu voz que me pide mas.

Me hiciste renacer
en tus palabras.

Amo que me ames,
amo que me escribas
amo que dijeras que soy bueno.

Amo tu piel, amo tu luz
amo que destruyas
la oscuridad en que vivo.

Amo que me hagas 
poderoso en ti.



Autor: DaviDelta




domingo, 6 de julio de 2014

Felicidad



La felicidad habita en las raíces del ser,
hay que dejarla crecer y extenderse
desde dentro para afuera,
si la cultivamos con cariño y ternura,
florecerán bellas flores de los colores de la alegría,
amarillos, violetas, magentas y azules,
acariciadas por el viento oiremos
sus alegres cantos a la vida y a la esperanza.

La felicidad es la sonrisa de la caricia,
es esa pequeña manita que nos acompaña,
la que no daña,
la que da,
la que recibe,
la que entrega,
y a la que entregamos nuestra vida entera.

La felicidad es ese breve instante
que se impregna en la retina de la memoria
guardándolo en un “para siempre”.

La felicidad es el camino que
destierra,
ahoga,
entierra,
y sepulta,
lo malo.

La felicidad aleja los males del alma.
La felicidad es un pájaro,
un cielo,
un mar,
una flor,
un te quiero,
un abrazo,
una caricia,
una sonrisa,
una canción y un baile.

La gran felicidad es dos miradas
que se encuentran y se besan,
traspasándose el alma en un fugaz parpadeo.

La felicidad es el mejor amigo
que llevamos con y dentro de nosotros.



Por todo esto, Alicia, te deseo una vida llena de felicidad.



Autora :
Sirena Marciana, en twitter : @Sirena_Marciana
Blog de Sirena Marciana: Fantasy Tales
"Una luna con dos caras, Lunes #poevive
Avatar, Humana y Caótica.
Mare Nubium

jueves, 26 de junio de 2014

Universo Letal










Venas azules recorren mi cuerpo. Tengo fijación por ellas, me gusta ver que al soltarlas, después de presionarlas un ratito, saltan cantarinas, diciéndome que hay vida en ellas. Me gustan mis lunares, ya no me salen tantos como antes, aunque hay alguno que otro nuevo que le doy la bienvenida con alegría.

La piel se me ha secado, dejadez por falta de tiempo, por despiste, por entretenerme con otros detalles. Mi pelo se encuentra quemado en las puntas y las cejas nada perfiladas. Aún así, estoy a gusto conmigo misma. Desde fuera creen que algo anda mal.

No hay nada mal, estoy contenta con mi pelo rizado y enmarañado, con mi dejadez natural. Hay cosas más importantes que atender en la oscuridad. Puedo crear, puedo imaginar mundos que jamás viviré, puedo fumarme un cigarro tranquilamente y darme cuenta que me equivoqué en tantas cosas…

Muchas veces tener apariencia desdeñosa es necesario para cambiar la piel. No dejo a casi nadie entrar en mi hogar, sólo a él. Al fin y al cabo, estuvo antes de que todo esto pasara, cuando cada centímetro de mi piel, de mi pelo, de mi aspecto, era aceptable y aparentemente perfecto.

Fue viendo la decadencia, la oscuridad envuelta en mí. La aceptó, abrazó la idea de que jamás volvería a ser la misma. Le miro y noto que no me llena, que no es él, no es él, ni nadie lo será, nadie será capaz de llenar este agujero negro que ensombrece mi alma.

La solución está en mí, en que pase todo esto. Para ello lo tengo que hacer sola. Si él se queda a mi lado, seré capaz de destruirle, si mi mejor amiga trata de levantarme, la hundiré más. Los agujeros negros somos así. Sólo hay que esperar a convertirnos nuevamente en luz. Sólo es cuestión de tiempo y ganas.

Las ganas las tengo, me quiero lo justo para saber que esto pasará. Pero durante el proceso, centro mi atención en esos lunares, en esas venas, en esas uñas mordidas y ese pelo desgarbado.

Vuelvo a mi cama, me encojo, me coloco en posición fetal. No dejo que nadie me toque. Él trata de descansar a mi lado, pero no puede evitar mirarme, mirar cómo lloro en silencio. No me acaricia. Una parte de mi lo desea, otra no, no quiero transmitirle el veneno que llevo dentro, no quiero que me abrace y explote a llorar. No quiero que me siento un grano de arena en este universo, ese grano de arena que se convirtió en abismo, que luego pasó a ser sol y murió siendo un agujero negro.

Le miro, me seco las lágrimas. Intento esbozar una sonrisa, pero es imposible. Es la primera vez que le veo triste y serio. Pasa el umbral, me toca el pelo. A pesar de estar enredado, lo acaricia como si lo llevara lacio como antes. Me siento invadida. El corazón va a estallar de amargura.

Se acerca más, me quita la almohada que abrazo, sujeta mi cuello y lo acaricia con delicadeza. Todo termina en un abrazo. Me duele tanto el corazón que no puedo con su peso. Lo tengo henchido, engrandecido. Me duele cada latido, pausado pero fuerte, cada vez más fuerte.


Quiere salir de la caja torácica. No le dejo. No puedo evitar que las pequeñas gotas de lágrimas se redondeen aún más y aumenten de tamaño. Lloro y me siento pequeña. Su mano recorre mi espalda, me aprieta contra él. Poso mi cara en su pecho. Mis lágrimas traspasan su cuerpo. Él sigue en silencio y espera. Espera a que me quede dormida, agotada de tanto llorar. Y luego viene la ansiada oscuridad.

martes, 17 de junio de 2014

Vuelvo a ti




Retomo el camino de vuelta
a tu corazón malherido,
me siento cansado y solo,
asustado por si te he perdido.

Largos meses de batalla
me tuvieron alejado de tu torre,
meses de guerras perdidas
de perdidas ilusiones.

Vuelvo cansado y curtido
de luchar contra mi mismo,
de vencer miedos ocultos
de esquivar negros hechizos.

Retomo el camino de vuelta
a tus praderas serenas,
a la fuente de tu boca,
al calor de tus latidos.

No soy nadie por el mundo
porque el mundo se ha ido,
regreso a tus veredas
para buscar lo perdido
y te encuentro sonriendo…

No hay reproches, no hay rencillas,
me recoges en tus brazos
sin preguntar lo que he sido,
me das un beso y en eso,
 llora el alma del cautivo.

Vuelvo para quedarme mi vida,
déjame tomar abrigo
al arrullo de tus labios,
al calor de tus sentidos,
llego y me das un beso y en eso,
llora mi alma,
¿dónde he ido?






                                                                   Autor:
                                     Luis Angel Gómez Vélez

miércoles, 4 de junio de 2014

Muriendo por dentro: Canción de cuna



Verla me hacía soñar, contemplarla me hacía sentir dichoso, sus cabellos rubios iluminaban los sórdidos sótanos de oscuridad entre tanta gente. Sus ojos azules me hacían sentir en un océano de felicidad.

El amor nunca se dio. Tan insignificante soy en tu mundo, te escondes lejos,
perdida, bajo las cloacas, si yo hubiera muerto nunca te hubieras entristecido.

Rosas muertas en tu ventana, desde ahí me observas, preferiría una mirada de odio antes que mil sonrisas forzadas, siempre fui yo a quien despreciaste. ¿Dónde está la luz? Seguramente llorando entre las sombras.

Ondina que cantabas nanas en mis oídos, dormía bajo tus pechos, despertaba en ilusiones falsas que manipulabas a tu antojo. ¿Dónde está la oscuridad? Ahí sentiré menos frío.

No más historias acerca de ella. Es tarde, demasiado tarde, el dolor se apoderará de mí, y la Muerte, afuera, buscará los pecados que cometí.

Irrisorio, invisible, ése es mi sino. Ahora, tus lágrimas no significan nada para mí, no soy lo suficiente para ti como para llorarte. No me vas a escuchar si te digo “lo siento”.

Cae la lluvia, la música del carrusel se apaga lentamente, toda luz se torna oscuridad. Los juguetes de tu habitación se van rompiendo.

A través de la niebla oigo oscuras criaturas cantando terribles canciones. El amor nunca se dio. Aquí tengo una nana para que cierres los ojos, ahora duerme, quédate solo en mi memoria amada mía. Adiós.


Autor: 
Felipe de la Cruz.

En twitter : @HacedorH 
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Y en mis Relatos Cruzados,  www.relatoscruzados.com